Mostrando entradas con la etiqueta influencias. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta influencias. Mostrar todas las entradas

sábado, 7 de noviembre de 2015

HÁBLAME DE LITERATURA: Influencia de Walt Withman en la literatura francesa.






     
Muchos, habréis oído hablar en más de alguna ocasión de Walth Withman, os guste leer o no, lo tenéis en anuncios, en publicidad, por todas partes incluso sin daros cuenta.
Algunos lo conoceréis por ser el poeta más nombrado en la película "El club de los poetas muertos" y otros tantos asociaréis esa película conmigo, por ser mi favorita entre mis mil favoritas, y sabréis que en algún momento alguna frase he dicho de Withman y por lo tanto un mínimo os sonará.
Pero pocos conoceréis el movimiento francés del Unanimismo, y su relación, o mejor dicho la influencia de Walth Withman en este movimiento. Y conste que yo la he descubierto esta semana, así que por eso estoy hablándoos de esto aquí, porque me ha encantado y porque quiero compartir este precioso, a mi parecer, descubrimiento con los que pasáis por aquí.

Bien pues, Grosso modo os diré que el Unanimismo, es un movimiento, muy pero que muy bonito. Si sois como yo que os abrazáis a un árbol fácilmente, que pensáis que la teoría de los lazos es cierta y que todo ser vivo, y en ocasiones de exaltación máxima del amor, hasta lo que pensamos que no está vivo como sería una piedra,  tiene relación con todo, os gustará.

¿Nunca habéis tenido un momento de esos en los que, la mayoría de veces sin ser conscientes por qué sois tan felices de estar presenciando un momento, de estar en el mar, en la montaña, presenciando y viviendo esos pequeños placeres de la vida y no se necesita nada más? Pues traspasad esos sentimientos en poesía, esto grosso modo es el Unanimismo, una conexión con todo y una felicidad y exaltación de la belleza en estado puro.

Ni que decir queda que si no habéis leído Hojas de Hierba de Walt withman debéis leerlo, sí imperativamente. Os haré un #háblamedeliteratura, específico de ese libro seguramente más adelante. Pero hoy vengo a hablaros de Jules Romains, que es un pseudónimo de uno de los creadores de este movimiento, que para más información surge un poco como crítica del simbolismo.


Quiero que leáis este poema y si podéis ver la relación con Withman os aseguro que lo disfrutaréis el doble, yo lo hice mientras estaba analizándolo y os juro que lo gocé, los orgasmos literarios existen y este es uno de ellos. (Os pongo la edición que nos pasó uno de nuestros profesores) Y os marco dos versos que para mí son fundamentales a la hora de ver esa influencia de Withman en el poema. 


Je contemple, debout derrière les carreaux,
La rue.
           Un charretier passe avec ses chevaux
Qui font, en assénant leurs fers sur la chaussée,
Jaillir comme le jus d'une pêche pressée
Des gouttes de tonnerre et des gouttes d'éclair.

Je veux les trois chevaux dans mon être désert.
L'homme, le tombereau plein de meulière rouge
Au fond de moi.
           Je veux, quand l’attelage bouge,
Quand les secousses font s'entrechoquer les blocs,
Quand le fouet, chien ailé, pointant son mince croc,
Mordille le troupeau de muscles qui s'arrête.
Je veux que mon esprit frémisse jusqu'au faîte,
Que ma chair vibre comme une chair de cheval ;
Que chaque cinglement du fouet me fasse mal.
Je veux sentir dans ma poitrine, dans ma tête,
Le fouet, le charretier, le tombereau, les bêtes
Claquer, crier, gronder, geindre, forcer, souffrir.
Je veux que leur douleur se termine en soupir
A mes lèvres, leur joie en flamme à mes prunelles ;
Que sur mes membres leur effort sue et ruisselle ;
Qu’ils aient leur conscience et leur pensée en moi.

Et le front appuyé contre le carreau froid,
Je les aspire avec mes yeux, avec ma bouche ;
Mes regards sont des mains ardentes qui les touchent,
Qui vont habilement sur l’homme et les chevaux,
Des doigts passionnés qui cherchent les cerveaux,
Les caressent un peu et les volent par ruse.
J'écoute dans mon cœur comme dans une écluse
Affluer, avec un immense clapotis,
Les rêves, les désirs des hommes. J'engloutis
Un morceau de cité dans ma poitrine accrue.
Le rythme de mon pouls émeut toute la rue.
La rue avec ses feux, ses gestes et ses cris,
Gravite ramassée autour de mon esprit ;          
J'attire puissamment les choses qui s'ignorent ;
Et l'âme que diffuse en vapeur incolore
Le mélange des chairs, des âmes, des maisons,
Forme un vague halo qui nimbe ma raison.


La rue est plus intime à cause de la brume.
Autours des becs de gaz l’air tout entier s’allume ;
Chaque chose a sa part de rayons ; et je vois
Toute la longue rue exister à la fois.
Les êtres ont fondu leurs formes et leurs vies,
Et les âmes se sont doucement asservies.
Je n’ai jamais été moins libre que ce soir
Ni moins seul. Le passant, là-bas, sur le trottoir,
Ce n’est point hors de moi qu’il s’agite et qu’il passe.
Je crois que lui m’entend si je parle à voix basse,
Moi qui l’entends penser ; car il n’est pas ailleurs
Qu’en moi ; ses mouvements me sont intérieurs.
Et moi se suis en lui. Le même élan nous pousse.
Chaque geste qu’il fait me donne une secousse.
Mon corps est le frémissement de la cité.

Le mystère nouveau cherche à nous ligoter ;
Ce passant tient à moi par des milliers de cordes ;
Dans ma chair des crochets s’enfoncent, et la mordent.
Lui, parmi le brouillard, lève le bras. Soudain
Quelque chose de très puissant et d’incertain
Vient soulever mon bras qui se défend à peine.

Je suis l’esclave heureux des hommes dont l’haleine
Flotte ici. Leur vouloir s’écoule dans mes nerfs :
Ce qui est en moi commence à fondre. Je me perds.
Ma pensée, à travers mon crâne, goutte à goutte,
Filtre, et s’évaporant à mesure, s’ajoute
Aux émanations des cerveaux fraternels
Que l’heure épanouit dans les chambres d’hôtel,
Sur la chaussée, au fond des arrières-boutiques.
Et le mélange de nos âmes identiques
Forme un fleuve divin où se mire la nuit.
Je suis un peu d’unanime qui s’attendrit.
Je ne sens rien, sinon que la rue est réelle,
Et que je suis très sûr d’être pensé par elle.
                 La vie unanime
Contemplo, de pie tras los cristales,
La calle.
              Un carretero pasa con sus caballos
Que hacen, al asestar sus herraduras en la calzada,
Brotar como el zumo de un melocotón exprimido
Gotas de trueno y gotas de rayo.

Quiero los tres caballos dentro de mi ser desierto.
El hombre,  la carreta llena de piedra moleña roja,
Al fondo de mí.
          Quiero, cuando el tiro se mueve,
Cuando las sacudidas hacen que los bloques se entrechoquen,
Cuando el látigo, can alado, apuntando con su fino colmillo,
Mordisquea el rebaño de músculos que se detiene,
Quiero que mi espíritu se estremezca hasta la cima,
Que mi carne vibre como una carne de caballo;
Que cada azote de látigo me duela.
Quiero sentir en mi pecho, en mi cabeza,
El látigo, al carretero, el carro, los animales
Restallar, gritar, gruñir, gemir, forzar, sufrir.
Quiero que su dolor se termine en suspiro
En mis labios, su alegría en llama en mis pupilas;
Que sobre mis miembros su esfuerzo sude y choree;
Que tengan su conciencia y su pensamiento en mí.

Y con la frente apoyada en el cristal frío,
Los aspiro con mis ojos, con mi boca;
Mis miradas son manos ardientes que lo tocan,
Que pasan hábilmente sobre el hombre y los caballos,
Dedos apasionados que buscan los cerebros,
Los acarician un poco  los roban con astucia.
Escucho en mi corazón, como en una esclusa,
Afluir, con un inmenso chapoteo,
Los sueños, los deseos de los hombres. Engullo
Un trozo de ciudad en mi pecho crecido.
El ritmo de mi pulso conmueve toda la calle.
La calle con sus luce, sus gestos y sus gritos,
Gravita recogida alrededor de mi espíritu;
Atraigo poderosamente las cosas que se ignoran:
Y el alma que difunde en vapor incoloro
La mezcla de las carnes, las almas, las casas,
Forma un halo que nimba mi razón.


La calle se ha hecho más íntima debido a la niebla.
En torno a los faroles todo el aire se enciende:
Cada cosa tiene su parte de rayos; y veo
Toda la larga calle existir a la vez.
Los seres han fundido sus formas y sus vidas,
Y las almas se han suavemente avasallado.
Nunca fui menos libre que esta noche
Ni menos solitario. El transeúnte, allí, sobre la acera,
No se agita y pasa fuera de mí.
Creo que él me oye si hablo quedo,
A mí que lo oigo pensar: pues no está en otro lugar
Que en mí: sus movimientos me resultan interiores.
Y yo estoy en él, un mismo impulso nos empuja.
Cada gesto que hace me da una sacudida.
Mi cuerpo es la agitación de la ciudad.


El misterio nuevo intenta atarnos ;
Ese transeúnte está ligado a mí por miles de cuerdas;
En mi carne se hunden ganchos, y la muerden.
Él, entre la niebla, alza el brazo. De pronto
Algo muy poderoso e incierto
Viene a levantar mi brazo que apenas se defiende.


Soy el esclavo feliz de los hombres cuyo aliento
Flota aquí. Su voluntad fluye en mis nervios :
Lo que hay en mí empieza a fundirse. Me pierdo.
Mi pensamiento, a través de mi cráneo, gota a gota,
Se filtra, y evaporándose a medida, se añade
A las emanaciones de los cerebros fraternales
Que la hora disemina en las habitaciones de hotel,
Sobre las aceras, al fondo de las trastiendas.
Y la mezcla de nuestras almas idénticas
Forma un río divino donde se mira la noche.
Soy algo unánime que se enternece.
Nada siento salvo que la calle es real
Y que estoy muy seguro de ser pensado por ella.
                       La vida unánime

                                       


¿Vosotros/as qué pensáis que sí que se nota esa influencia o que no tanto?